El Ermitaño

Quizá esto sea un ejercicio divertido, encontrarme con mi yo del pasado, que recorre mi presente, eso es lo bueno de escribir, creo, o de haber escrito, de haber canalizado así las emociones que vinieron, sin filtro, sin dedicatoria más que al lector o a les lectores omniscientes que soy, porque puedo rememorar cosas que quizá ya no están en mi mente, que fueron sanadas. Hablo, comunico, escribo, escucho desde el 2020, una pandemia me tiene buscando inspiración, venus retro me está conectando con las cosas que quiero y las que no... un eclipse está demarcando una etapa que está sellada, limpiando el camino para todas esas cosas nuevas que estoy gestando, que son parte el venus star point, El Colgado me dedica su mirada juguetona de sacrificio, de "oye, estamos de cabeza pero podemos desatarnos cuando estemos listos, por ahora aceptar lo incómodo de que la sangre fluya por gravedad hacia el cerebro, necesitamos nuevas perspectivas". En búsqueda de un personaje me perdí entre los escombros de las capas de cebolla que fui rasgando de mi interior, estoy en una ciudad que ya siento mía, un trabajo que, si bien aún debo pulir, porque bueno, supongo que eso era el camino que elegí, la libertad que me da el dinero de tener un lugar propio donde poder crear: un cuarto propio, como diría Virginia. Sigo robándome libros, aunque, ahora ya no robo cualquier cosa, sino algo que me signifique, es mi excéntrica necedad o necesidad... el último robo con sentido han sido copas y conservo aún una copa en la que bebí cerveza al otro lado del mundo porque Delirium es uno de mis tantos nombres, con los que me invoco hoy, y todo lo que fue el año recién pasado donde puse más copas que fueron rotas por alguien en quien confié mis miedos más profundos, y dejé escapar el bluebird lleno de ilusión, en lo que fue una dilución de sinsabores varios, tragos amargos y dulces, también complicidad de los corazones rotos que se conectan para enseñar, disfraces y máscaras que caen mientras sin dormir encienden las barricadas de la sin razón. El corazón sigue sanando, nunca ha estado completamente lleno la verdad, sólo por momentos, y esa es la búsqueda incansable que he llevado toda mi vida, soy un carro que va hacia adelante, a pesar de que suelo conectar con la energía del estanque, siempre estoy corriendo como un río, como el Fuy y su banda sonora de colores profundos y nomeolvides. Me convertí en ese estereotipo que siempre convencí, la outsider, de cabello de colores, meditabunda, vagabunda, centrada sólo cuando debe tomar decisiones, porque las sopesa, aunque pareciera que no piensa muy bien los pasos que da, te aseguro que todo tiene un motivo, lo hemos visto... McQuiabella no es sólo un pseudónimo... y es bacán que todo se esté dando desde la elección de la verdad que habita en mi y en todas esas locas ideas y personajes que me edifican, todos esos arquetipos que me han trabajado y que de a poco voy dejando fluir. Si hago un recuento, los planetas me han apaleado tanto... girando a muchos tiempos a la vez, y son ese reloj de ciclos estelares y geométricos sagrados que revientan en los cráteres de la existencia.
Haré un recuento, porque si vuelvo en dos o tres años, la verdad me gustaría recordarme que en este momento estoy movilizándome contra lo que me parece injusto, que peleé en primera línea, que mañana voy a cocinar (sí Vale, aprendiste a cocinar, y lo sabes hacer bastante bien, igual que amar), cocinar en olla común pa un montón de gente, siempre me han gustado las personas que cocinan, que pelean por lo que creen justo, y cada vez me gusto más y me disgusto menos, estoy aprendiendo a aceptarme y con eso también a darme cuenta de que si hay algo que quiero cambiar, primero debo habitar mis sombras para poder encontrarme y sanarme, estructurarme desde lo abundante que me pertenece y no desde un lugar donde vas corriendo el desastre hacia un lado para desordenar, aún más, el estruturado caos que llevas contigo como consecuencia de muchos años de dormirte y adormecerte. Ya comprendes esos abismos y los ecos de las voces que te interrumpen mientras meditas. Sabes que no está todo dicho, que El Gran Viaje aún está sucediendo y que esta pausa ha sido para encontrar un sentido, porque realmente vivir sin uno es acercarte a pasos gigantes al beso de la muerte, con el que llevas soñando mucho tiempo, pero no piensas esperar sentada o en una torre, mejor, que te encuentre haciendo algo, a ver si así le dan ganas de aparecerse, la muy cabrona.
La búsqueda es constante, tú sigue en lo tuyo, de lo nuestro, me estoy encargando.