Soy parte de un mundo bastante imbécil.
Hace días me di cuenta de que las cosas malas que me han pasado (o que yo he catalogado como malas), aún no puedo superarlas, es como que las boqueé por mucho tiempo, pero me di cuenta que mi corazón, mi cabeza, mi todo, está... roto, y
muy roto.
Es simple, basta con que me recuerden alguna de las cosas malas que me han ocurrido a lo largo de mi corta existencia (sobretodo si estoy borracha o con las hormonas azules –
de tristeza-) queda una verdadera mezcolanza de recuerdos que me hacen llorar, me da mucha rabia no controlarlo, pero no soy una superheroína o villana o esas cosas –personajes- de los mitos que controlan sus sentimientos (
vampiros… -pucha que me gustaría que existieran, pero de esos lindos que muestran en los libros... o en las series-)
Sigo -nunca termino una idea, y comienzo con otra-, el otro día fui de fiesta y en el Checa me encontré con el pasado, así de frentón... es tan indescriptible la sensación de estar tan feliz, al punto máximo y luego, como si la felicidad no bastara por si sola para mantenerse arriba, caerse desde donde sea que estabas y tropezar en el suelo y alcanzar a percatarte de que tu cabeza pega sobre un suelo de mentiras, caer sobre el barro y en serio, no poder salir de ahí.
Nunca encuentro el momento y el espacio justo para encontrarme con las palabras exactas… pero lloré mucho,
aún quiero llorar, si no fuera porque en mi casa no es seguro tener depresión porque no se puede estar sola, nunca estoy sola, aunque me sienta sola, nunca puedo estarlo para llorar tranquila, para llorar y sacar todo este dolor que llevo dentro…
Caminado, escuchando música me di cuenta de que soy muy arriesgada –
o tonta-, camino sola por las calles, de noche, y aunque muera de miedo, paseo por calles peligrosas no más, como si por el sólo hecho de ir pasando, la gente que pasa cerca mío y que puede hacerme daño, no me haría daño. Y me di cuenta de que soy mujer, y que –por la cresta- soy tan frágil y, sí, necesito a alguien que esté pendiente de mi...
hablo de alguien hombre, que me abrace, y me haga sentir que todo está bien cuando el mundo a mi alrededor se derrumba, alguien con quien compartir mi felicidad, alguien a quien odiar, y darle muchos besos de odio. Si, alguien por quien sentir algo más que amistad. No sé, pero
soy un asco de persona para las relaciones interpersonales, con hombres, me refiero, y soy un asco, asco, de esos que dan asco, de solo verlos. (Asco, asco, asco, al punto del mareo, y el vómito
de bilis... posterior –sí, ese último vómito del momento-).
Trato de hacer las cosas bien, pero nunca me salen como las planifico, sino que
lo improvisado es algo que debo entender como “método de vida”, claro ese es mi plan… y
tuve que aprenderlo con tanto sufrimiento que me llega a dar risa si lo recuerdo sana y buena –
pero recuérdenmelo cuando estoy volátil, frágil, [hueona]- , como lo dije antes, mi mundo –
o mi bola de estambre- se viene abajo, se desarma… En aquella salida de la que hablé antes me encontré con un amor –
que nunca me amó, es preciso decir-, que amé muy pequeña… esos amores inocentes de 10-12 años (nunca pude vivir -disfrutar- esos amores)…
ya me adelanté… Aquella persona se acordó que yo estaba enamorada de él (porque claro, la vale no pudo con el remordimiento de querer para ella. al pololo una de sus mejores amigas de ese entonces, y tuvo que decirle, confesarle su estúpido sentimiento, esperando con eso remediar lo mal que se sentía, como deben imaginarse ella le contó…y como me las doy desde harto mocosa de andar con la verdad por delante, él me preguntó si era verdad, y yo le confirmé lo que sentía, pero que no me interesaba si el estaba con otra y se veía feliz, me conformaba con ser su amiga –eso no sé porqué aun me persigue, lo de no acercarse a hombres amarrados, digo-) , y como nunca resultó nada, me dio una pena –de aquellas penas épicas, que no le gustaría ver a nadie-, pero como yo soy de las que sufre en silencio -casi (últimamente me parece que perdí esa facultad)-, me aguanté hasta que nos separáramos para dar rienda suelta a todo eso que llevaba dentro… esas lágrimas que siempre quieren salir, pero como el mundo es cruel y pasa rápido, y la vida según mi parecer no es para llenarse con estúpidas lágrimas que no servirán de nada… (pero si sirven, lo sé, es sólo que me carga demostrarme a mi misma que soy frágil y que toda esa parada de Stronger es una gran farsa que funciona como bloqueo para que no me hagan daño –que paradójico, el único daño que me afecta al final es el mío, soy demasiado autodestructiva y no sé, pero es algo con lo que vengo y… quisiera cambiarlo, pero me da miedo- Al final todo es por miedo, el miedo de una cobarde que no se atreve a aceptar la realidad, que no quiere aceptarla porque le puede hacer mal…)
Lo que tuve que aprender desde muy chica es que cuando planificas, tienes seguridad (nada puede salir mal), relajo, estrés (pero del bueno), y tienes tus pies sobre la tierra, sabes exactamente donde estás parada y claro, sabes hacia dónde quieres ir y dónde vas, y las cosas que tienes que hacer para lograrlo… pareciera que ya tienes todas las respuestas a las preguntas del universo y tu microcosmos está del color que quieres… Hasta que llega el universo –tú Universo, mi Microcosmos- y te cambia las preguntas… Ahí quedas en el aire, no sabes dónde ir, no tienes idea de qué hacer, y luego llega la depresión,
y le dices: Hooola! a tu lado emo.
No sé si lo dije, pero, durante mi infancia era seguro que no pasaba más de un año en el mismo colegio, y eso, es lo peor y lo mejor del mundo, te ayuda a adaptarte a distintas situaciones, por eso nunca tuve un solo universo, sino muchos… y con muchos misterios que resolver. Eso es lo malo de todo aquello, llega el momento en que te aburres de tener que conocer gente, -por lo menos yo me aburrí, por culpa de él- y claro, cuando te enamoras a esa edad –y a todas las edades- piensas que no puedes vivir nunca más separada de ese personaje. Lo que pasó?, bueno, tenía mi plan de conquista muy planificado, con el premio de consuelo incluido por si no funcionaba –amistad-.
…Me quejé ante el profesor, ya que mis compañeros de asiento –el de al lado y adelante, sí, las mesas eran para dos- me aburrieron de tanto bulling [o bowgling :/], y aquel hombre del que siempre nos reíamos por ser tan ‘despistado’ – no sé de que me admiraba, si ahora y siempre fui igual o peor que él- me dio la llave de la felicidad: “Tienes que elegir un hombre con quien sentarte”, sí, el típico profe que ordena que nos sentemos mezclando sexos (no sexo… :Z). El mundo se abrió para mí, la vida me mostró aquello que siempre quise… una oportunidad, que, por supuesto, no iba a desaprovechar… Sin pensarlo dos veces le dije el nombre de aquel que me robaba los pensamientos en aquel entonces, ese que me hacía reír muchísimo con el simple hecho de detenerse atrás mío en el momento en que observaba un dibujo de Winnie que estaba a la vista del que quisiera verlo, y dijera: “mira, tiene un tumor” (R) o se acercara a caminar a mi lado a la salida de clases, yo distraída mirando un arcoiris, y me sacara de mis pensamientos diciendo: “Qué son bonitos los arcoiris… te gustan?” (…no me logro imaginar el por qué de que cada vez que veo alguno, recuerdo a ese niño), seguido de un: “si sé que te caigo mal, lo que no logro saber es por qué?” y yo pensando “como puedes creer eso, eres un imbécil”, cosa que traduje con una sonrisa… y así, varias cosas y recuerdos que se guardan en el corazón.
Lo trágico de esta historia es que ya teniendo la maldita seguridad de que tendría al chico que me gustaba a mi lado, literalmente –pero, no de todas las formas posibles, no en aquel momento-, CRASH!!! – Crushcrushcrush (8)-, choqué con un cristal gigante que no veía, pero que era algo que eminentemente podría ocurrir y que no veía, ni quise contemplar. Porque, qué iba a saber yo, en ese momento, de que los abuelos eran frágiles y que habría que cuidarlos? (si la única noción tangible que tenía era que las personas viejas se iban al tacho de la basura? –algo que quedó en mi retina siendo más niña, en la televisión)-, tenía que saber que mi papá tendría que cambiar su lugar de trabajo?... de ese calibre eran las preguntas que el universo me estaba replanteando… y bueno todo mi plan se fue a ‘las pailas’ como se dice por acá… y lo único que quedó fueron los pedacitos de ilusiones en el suelo… (y, al parecer, yo caminando descalza, enterrándome cada uno de esos pedacitos en la planta de los pies) Quedé con depresión post-lovefail, y no me comuniqué nunca más con la gente que quería, es decir, mis compañeros antiguos. Porque vaya!, ese fue el único colegio al que me cambié dos veces! Los conocía y quería a todos y cada uno de mis compañeros, pero no quería estar allí, no, no quería, pero quise… Claro que lo quise y deseé con todo mi ser volver a ese lugar en que me sentía hiperbien . Siempre recuerdo una frase que me marcó:
“ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”, y vaya que a mi se me han hecho realidad varios deseos, pero no en los momentos que he implorado con todo mi corazón, sino en momentos inoportunos –según mi parecer- , a veces me pregunto si en verdad soy yo la que hace que las cosas pasen, porque siempre que pido algo, aquello se hace realidad cuando ya me olvidé que pedí aquel deseo, a alguien imaginario (
Dios. O no sé… aquel al que le pedimos todas las cosas y con el que nos enojamos si nuestra vida no va por el camino que queremos).
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| Lobos, siempre son Lobos... |
Y sí… mi miedo máximo es que, al volver a encontrarme con esta realidad sea que- estúpidamente- yo, haya guardado esas ilusiones que me rompían los pies ( y de paso, toda mi existencia, y me dejaran rota por toda mi eternidad, hasta ahora y hasta siempre) en el fondo de mis zapatos, que hayan quedado allí debajo de mi plantas patunas, haciendo las veces de una dolorosa plantilla a la cual me acostumbré –sin dolor no te haces feliz?- y que al tener alguna oportunidad para atacar de nuevo, esta vez sin planificación alguna –y esperando a que resulte mi plan no planeado- sucumba a lo que siempre he querido, pero que nunca ha resultado?, total, si no funciona, nunca lo planifiqué, entonces no tengo porqué defraudarme o caer en una depresión que duraría siglos, y me haría alejarme de la gente.
Y con él, si, se podría decir que somos conocidos primero que amigos. Que lo quiero así como a mis amigos pero de manera especial, porque cada vez que lo veo, veo a ese niño que lleva dentro y que ha sido corrompido por el paso de los años, esa increíble necesidad de crecer… que es necesidad porque la imponen y no porque la quieras, sino que le requieres para ser aceptado por el mundo. Ahora es un lobo solitario, no sé si le cantará a la Luna, que es el lugar en el que me mantengo, para no tener que estar con mis dos pies, otra vez, sobre la tierra.